La infinidad de los océanos ofrece un inmenso campo de posibilidades para innovar. Un ejemplo de ello son las turbinas eólicas flotantes, una gran alternativa para conseguir energía limpia. Estos gigantes marinos aprovechan la intensidad de los vientos en alta mar y transmiten la energía a tierra a través de un cable submarino.

Este dispositivo permite aprovechar los vientos constantes y fuertes que soplan mar adentro. No produce impacto visual y los expertos aseguran que tampoco medioambiental. El secreto de su inocuidad se debe a que la plataforma es una superficie flotante, parecida a la de las plataformas petrolíferas que flotan en las superficies acuáticas, anclada por 3 puntos al fondo del mar.

Según las distintas propuestas de las empresas del sector, el aparato generador debe estar ubicado a un mínimo de 32 kilómetros de la costa, donde la profundidad de las aguas supere los 20 metros.  Existen diversos y variados modelos, pero básicamente consiste en un cilindro de grandes dimensiones anclado a la base flotante con una turbina con aspas. Los hay de tres aspas, aunque existe alguno con tan solo dos.

Normalmente, los molinos de viento terrestres poseen 3 palas, pero la reducción de una de ellas permite una mayor velocidad de rotación, oscilando entre las 30 y las 35 revoluciones por minuto, el doble de lo que consiguen las turbinas con tres.

Además, la reducción de un brazo aligera considerablemente el peso total del artilugio permitiéndole una mayor flotabilidad, disminuyendo a su vez la posibilidad de sufrir oscilaciones provocadas por la acción de las olas del mar sobre la plataforma. Esta mejora basada en la eliminación de una de las aspas respecto a las turbinas terrestres es posible puesto que, a pesar de que emite mucho ruido, es un factor irrelevante en el mar.

Los investigadores confirman que las turbinas eólicas flotantes serán competitivas con otras fuentes de energía ya que no dispararán el precio del kilovatio/hora. El coste de este tipo de  turbinas es, hoy por hoy, una incógnita fuera del sector. Aun así, seguro que será una alternativa rentable por el gran interés que está suscitando entre gobiernos de distintos países.

Japón, Noruega y Portugal son pioneros en la instalación de turbinas eólicas flotantes. El pasado mes de septiembre fue instalada en la zona de Fukushima, área devastada por el tsunami en el año 2011, la mayor turbina flotante construida. Posee 220 metros de altura y tiene una capacidad de 7 megavatios, 5 más que su hermana pequeña instalada anteriormente en las costas japonesas.

Esta turbina es parte de un proyecto diseñado por el gobierno japonés para el desarrollo de varias plantas eólicas en  alta mar en todo el archipiélago nipón.

En Portugal, a unos 5 kilómetros de la costa de Agucadoura también hay un aerogenerador marino instalado. Tiene 54 metros de alto y pesa 1.200 toneladas métricas. Puede proporcionar electricidad a 1.300 hogares, y ya ha producido un exceso de 1,7 gigavatios-hora.

A doce quilómetros de la costa suroeste del país nórdico se erige otro gran molino de viento offshore. Se trata del primero del mundo, instalado en el año 2009 en alta mar. Es un cilindro de 200 metros, con la mitad emergida y tres palas de 42 metros de longitud en su extremo más alto y otros 100 metros sumergidos, con ocho de diámetro, que hace de lastre.

Estados Unidos ha estimado según publica el periodista Raúl Morales que “el mercado de las centrales eólicas en el mar podría alcanzar los 40.000 megavatios en 2020, suficiente para abastecer a 30 millones de hogares en los Estados Unidos.

El siguiente paso es crear extensos parques eólicos de turbinas gigantes en los océanos.

Todavía nos queda mucho por ver. Lo que está claro es que el futuro de la energía eólica cada vez está más cerca.

MINECO
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